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lunes, 12 de julio de 2010

Crítica: Air Doll

Siento mucho haber estado un mes sin actualizar el blog, pero hasta cierto punto me lo han impedido mis nuevas obligaciones laborales, un esguince y un cólico. Sí, y también un poco el Halo 3, Fallout 3, Dragon Age, mi segundo visionado de Galáctica… Y el cine, por supuesto. Este fin de semana fui a ver con tres semanas de retraso, cierta ilusión y un punto de precaución Air Doll (空気人形), la última película de Koreeda Hirokazu, director que me encandiló con Nadie sabe y Still walking (podéis leer la crítica aquí). Lo de la ilusión es obvio leyendo mi opinión sobre sus anteriores películas. Lo de la precaución es porque el cambio de registro era, aparentemente, enorme y la historia se prestaba a dudas. La película trata sobre una muñeca hinchable (interpretada por la coreana Bae Doona, a quien pudimos ver hace unos años en The Host, película muy recomendable) que un buen día cobra vida y se lanza a pasear por las calles de la ciudad, interaccionando con la gente, encontrando un trabajo y reflexionando, pues ese es el tema fundamental de la película, sobre la soledad en el entorno urbano.

Aunque el tema se prestaba, claro, a una comedia amable, Koreeda opta por una vía completamente distinta. La película tiene sus momentos de humor, pero el tono general es francamente triste. La historia pretende ser una reflexión sobre como las personas se aíslan unas de otras a pesar de compartir infinitos espacios comunes. Sólo Nozomi, la muñeca, con su inocencia, parece tener la libertad suficiente para acercarse a los demás. Por suerte, esta no es la típica historia en la que el personaje ajeno, mágico e inocente, nos enseña el verdadero sentido de… algo que los demás hemos perdido. Más bien al contrario la soledad que rige nuestras vidas es lo que acaba atrapando a la pobre Nozomi. Y aunque este es un planteamiento agradablemente fresco, si bien bastante desesperanzador, por desgracia la película no termina de sacarle el jugo.

El principal problema de fondo es que resulta demasiado evidente que Koreeda no está intentando contar una historia, sino más bien darnos una charla, exponer una tesis de cómo los humanos nos encerramos en nosotros mismos (algo especialmente resonante en la sociedad japonesa) y acabamos relacionándonos más con los objetos que con las personas. Es especialmente significativa (y excesivamente explícita) la escena en la que Hideo, el dueño de la muñeca, descubre que ésta ha cobrado vida y le pide que por favor vuelva a ser muñeca, que él la prefiere así. Para dejarnos clara la moraleja Koreeda se sirve de unos personajes, que apenas llegan a serlo, gente que no tiene ninguna relevancia en la historia y de la que sólo vemos pequeñas viñetas en las que nos queda claro que están solos y sufren. Pero no sabemos nada más de ellos, no tienen ninguna historia, absolutamente nada. Especialmente sangrantes son las dos escenas de la chica bulímica a la que sólo vemos comer y vomitar. Al final la historia principal se queda corta y las historias secundarias no son historias en absoluto. El único personaje desarrollado es el de Nozomi, pero no es suficiente. Más cuando durante toda la película nos machaca con una voz en off (que no cuadra demasiado con la inocencia que muestra durante la historia) que nos explica, por si no nos quedara claro, lo solos que estamos y cuanto necesitamos a otra gente.

Otra pega importante es el exceso de suspensión de incredulidad que Koreeda nos pide. Se supone que la muñeca es translúcida incluso cuando está viva puesto que sigue siendo de plástico pero absolutamente nadie se da cuenta. Es más nadie se da cuenta de que su tacto es distinto. El dueño no se da cuenta de que se ha movido, ha comprado cosas que deja tiradas por la casa, y se ha maquillado las costuras para que no se vean (costuras que vuelven a aparecer mágicamente cuando la muñeca se desinfla) a pesar de que desde el principio ha quedado bien establecido que la cuida al detalle y la trata como si fuera un ser humano. Y así una y otra vez. Intenté con todas mis fuerzas obviarlo, tomarlo como licencia poética o simplemente tomarlo como una parte más de la irrealidad de la historia, pero los puntos de incoherencia saltaban demasiado de la pantalla y era imposible mirar hacia otro lado.

A pesar de todo la película, aunque ha sido criticada por su larga duración, a mí se me pasó en un suspiro, en parte por la habilidad de Koreeda y su a veces inspirado, aunque sobrio (o quizá porque sobrio), estilo.

Es una lástima que Koreeda, que nos fascinó con su sutileza en Still walking, haya optado aquí por poco menos que el brochazo filosófico/sociológico, a pesar de mantener su estilo tranquilo y sin aspavientos melodramáticos. No obstante seguiremos atentos a su obra.

miércoles, 9 de junio de 2010

Crítica: Kick-Ass



El pasado fin de semana se estrenó (con mes y medio de retraso frente a EEUU) Kick-Ass. Es posible que la película vaya a perderse en la cartelera como otra peli de superhéroes más, pero nada más lejos de la realidad. En todo caso Kick-Ass es un comentario sobre el género de superhéroes. Sin embargo en lugar de hacer una historia con superhéroes rompiendo el género y con comentario social (léase Watchmen) lo que tenemos aquí es una historia de superhéroes con tintes cómicos. Kick-Ass, basada en un cómic de Mark Millar y John Romita Jr., nos cuenta la historia de un superhéroe que tiene una diferencia fundamental con cualquier otro superhéroe que hemos visto hasta ahora. Dave no tiene superpoderes, ni gadgets tecnológicos, sus únicas armas son dos porras. Tampoco tiene ningún motivo psicológico profundo por el que se disponga a luchar contra el crimen. Simplemente Dave quiere ser un superhéroe. Y por supuesto su primer intento de enfrentarse a criminales acaba como el rosario de la aurora. Aquí radica el primer punto de interés de la trama, situándonos en un mundo más real que el habitual del género, aunque esta ilusión vaya desvaneciéndose un tanto a medida que la trama avanza.

Dicha trama va cumpliendo punto por punto casi todos los tópicos del género. Nos encontramos con temas sacados directamente de Spiderman (el padre millonario que resulta ser un supervillano, el geek de instituto que resulta ser un héroe) o Batman (el coche molón, el vigilante vengador vestido de negro). El director Matthew Vaughn ha sabido incluso ofrecer de forma sutil planos que automáticamente nos remiten a las pelis clásicas de superhéroes. Pero uno nunca siente que su inteligencia sea insultada. La película hace todo esto de forma autoconsciente, con tono irónico, irreverente, pero sin caer nunca en la autoparodia. El tono recuerda mucho al de Zombieland teniendo incluso la narración en off del protagonista adolescente.

Además el punto de vista que nos ofrecen es refrescantemente amoral. Lo que en EEUU ha causado polémica se presenta en realidad como uno de los valores más interesantes de la película. Sólo hay dos personajes que pueden considerarse por sus habilidades superhéroes en esta película, pero se dedican a asesinar violentamente a los “malos” y uno de dichos superhéroes (Hit Girl) es una niña de once años. Lo que es más, las escenas de acción de Hit Girl son las mejores y más divertidas de la película. Porque eso sí, la película es francamente divertida. Tiene humor (explícito e implícito) para dar y tomar, pero además tiene secuencias de acción muy entretenidas y con estupendas coreografías.

No todo puede ser bueno, claro, y aquí la historia de amor es posiblemente el punto más flojo. Como el resto de la película sigue muchos de los tópicos, pero en este caso no le da ningún giro. Quizá está hecho a propósito para hacer más hincapié en las normas de la película superheroica (o el género de acción en general), pero el resultado es que palidece frente al resto de lo que vemos y se antoja falsa.

Kick-Ass se presenta como una de las películas de superhéroes más interesantes de la temporada con unos personajes muy carismáticos, con una historia que se sale de lo corriente y, sobre todo, tremendamente divertida.

Un pequeño comentario para terminar. Puede parecer una tontería pero en la película me llamó la atención el uso corriente que se hace de las nuevas tecnologías. Kick-Ass utiliza internet constantemente y Red Mist (Bruma Roja) utiliza su iPhone como GPS. ¿Os habéis fijado en que en muchas películas la gente aun actúa como si vivieran en los años ochenta? Es una de las primeras veces en las que veo la tecnología actual completamente integrada en una película.

martes, 25 de mayo de 2010

Lost: The End


[Sé que esto corresponde a una serie de televisión, que no es técnicamente cine, pero si Cahiers du cinéma puede dedicarle una portada creo que yo también puedo hacer una excepción]

Ayer, como todo el mundo sabe ya, se emitió el último capítulo de Lost (Perdidos en español) la serie que, utilizando un cliché, ha marcado un antes y un después en la televisión. Quizá no en términos de calidad, porque en eso se le adelantó Los Soprano, pero sí en términos de seguimiento, número de fans y, sobre todo, en modo de ver televisión. Lost está considerada (lógicamente sin cifras oficiales) como la serie más descargada de la historia de la televisión y los creadores se han aprovechado muy bien del fenómeno de la serie en la red. Este fenómeno fan ha llegado tan lejos que por primera vez en la historia el último capítulo de la serie se ha emitido a la vez que en EEUU (costa oeste) en varios países, entre ellos España. Por desgracia la emisión por parte de Cuatro dejó bastante que desear. Faltó por emitir una escena de seis minutos y hubo algún que otro atasco en la imagen, ambas cosas que podrían ser achacadas a la señal recibida del otro lado del charco. Lo que sí que sabemos a ciencia cierta que dependía de Cuatro fueron los subtítulos, que en algún momento desaparecían y durante unos minutos se desincronizaron con la imagen. Quizá podamos perdonarles porque sólo tenían media hora para ponerlos, pero sigue dando una impresión bastante mala.

Pero dejémonos de prolegómenos y vamos con el capítulo en sí. Advierto de antemano que habrá algún spoiler para los que no han visto la serie entera, aunque procuraré no soltar ninguno del último episodio. El capítulo de hoy ha dividido a los fans. ¿Alguien creía que no fuera a ser así? Tras seis años y expectativas estratosféricas era imposible contentar a todo el mundo. Por supuesto la gente que no ha quedado contenta con el final son en su mayoría aquellos que se quejaban en cada episodio de que no daban respuestas. Como nunca fui uno de ellos y me dedicaba a disfrutar de una buena historia bien contada para mí el capítulo cumple con creces lo que esperaba de él. Concluye la historia y da cierre a los personajes, que fueron sin duda uno de los mayores alicientes de la serie durante estos seis años (por cierto la escena “perdida” nos da una pista sobre el futuro de uno de los personajes que parecía no recibir resolución en la emisión de Cuatro). No, no ha resuelto todos los misterios, pero tampoco era esperable o razonable que lo hiciera. Durante la última temporada se han resuelto las dudas principales y para mí eso es suficiente, no es necesario explicar cada detalle. No obstante sí que da la sensación de que tenían razón aquellos que decían que “se lo inventaban sobre la marcha”. Algunas cosas han encajado muy bien, pero otras no tanto. Pero, ¿de verdad importa tanto? Cuenta la leyenda que así se escribió el guion de Casablanca.

Pero antes de que penséis que me ciega mi amor incondicional (aunque mucho de eso hay) he de haceros saber que la quinta temporada, aunque fue bastante redonda porque los guionistas sabían por fin en qué dirección iban, no me emocionó tanto como las tres primeras. Acostumbrados y anestesiados ya contra el cliffhanger, las sorpresas ya no impactaban, las casualidades imposibles eran esperables y hasta las muertes de personajes principales nos dejaban un poco fríos. La sexta temporada empezó por los mismos derroteros y yo, aunque excitado por el final, sentía que no iba a tener la emoción que debía tratándose, al fin y al cabo, de mi serie favorita. Sin embargo en la segunda mitad de temporada sucedió lo imposible y Lost volvió a sorprenderme, volví a emocionarme con los episodios (magníficos Ab Aeterno y Happily ever after) y a acabar con la boca abierta.

En esta última temporada hemos tenido como en anteriores dos líneas argumentales, sólo que donde antes teníamos flashbacks o flashforwards, aquí tenemos una realidad alternativa (que se han dado en llamar, siguiendo la tradición, flash-sideways). La trama de la isla ha sido probablemente la más sólida, con una resolución bastante épica, incluyendo una imagen final que cierra muy elegantemente la serie. En este capítulo los cabos sueltos (de la historia, no de los misterios) se atan de forma redonda e incluso sorprendente. Por otro lado la trama fuera de la isla es la que se cierra de forma más polémica. Lindelof y Cuse, los creadores, se han guardado un pequeño giro final que nos da un acercamiento más espiritual. Recuerda un tanto en el tono al final de Battlestar Galactica (otra magnífica serie que recomiendo a todo el que no la haya visto) aunque por suerte aquí no tenemos Deus ex machina y resulta bastante más satisfactorio que aquel. Éste es otro de los puntos que han generado división entre los fans. Se trata de un final bastante abierto a interpretación aunque personalmente creo que algunas interpretaciones muy extendidas (POSIBLE SPOILER resaltar para leer la de “todos están muertos en la isla” FIN POSIBLE SPOILER) son rechazadas de forma bastante explícita en el propio capítulo y se deben más a un malentendido con la escena de la iglesia que a otra cosa. El único problema de este final es que uno puede tener la sensación de que la historia paralela tampoco ha servido para mucho en la trama general de la serie. Aun así nos ofrece varios reencuentros muy emocionantes. En el fondo es una excusa para poder reunir a todos los miembros del reparto y tener una escena final de grupo para despedir la serie. Pero nos la han servido tan bien.

En definitiva ha sido un final más que digno para una serie que ha supuesto con sinceridad un hito y que nos ha marcado emocionalmente a muchos fans. Más de uno y de dos hemos acabado con lágrimas en los ojos. La echaremos de menos.

See you in another life, brother.


EDIT: En los comentarios (si los hubiere) se admiten spoilers, advertidos estáis.

jueves, 6 de mayo de 2010

Crítica: Alicia en el País de las Maravillas


De nuevo llego un poco tarde pero llego. Hace un par de semanas se estrenó la última película de Tim Burton: Alicia en el País de las Maravillas, adaptación, por supuesto, del homónimo cuento de Lewis Carroll. Sólo que en este caso, en lugar de hacer una adaptación directa, se ha optado por crear una historia nueva a partir de los personajes. Y es aquí donde la película fracasa estrepitosamente.

He de reconocer que ya desde las primeras imágenes no me daba muy buena impresión. El diseño de producción, habitualmente el punto fuerte de Burton, no me convencía. Irónicamente al verlo en acción en la película sí que empezó a gustarme. Lástima que la historia no acompañe. En esta versión tenemos a una Alicia ya crecida a quien le pide en matrimonio un lord. Desde el principio se nos muestra a Alicia como una chica independiente, alejada de las encorsetadas (nunca mejor dicho) costumbres de la época. Así cuando la pedida llega ella duda y se escapa. Entonces será cuando vea al famoso conejo blanco y vuelva a caer por la madriguera. Pero en lugar de encontrarnos abajo con la famosa cadena de acontecimientos absurdos que ya conocemos lo que se nos presenta es una narrativa lineal muy poco acorde a lo que el cuento original representa. Parece que hay una rebelión contra la reina roja (interpretada por Helena Bonham-Carter) liderada en parte por el Sombrerero Loco (Johnny Depp). En esta película se le da un papel mucho más importante (sería interesante saber si se eligió a Depp para el papel porque era más grande o se amplió el papel porque lo iba a interpretar Depp) y tiene una amistad muy cercana con Alicia, que en algún momento casi parece que incluso pueda derivar en algo más (o quizá es mi mente enfermiza). Por suerte y para evitar pesadillas esto nunca sucede. El problema es que este sombrerero no está tan loco. Sí, los personajes hablan tan absurdamente como en el cuento original, pero se comportan de manera inusitadamente racional, hacen planes y pretenden deponer a la Reina Roja para poner en su lugar a la Reina Blanca. Todo esto rompe radicalmente con el espíritu caótico de la historia original, que era al fin y al cabo la clave de su personalidad. En su lugar nos ofrecen una historia no sólo normal sino incluso predecible, tópica. Al final Alicia debe enfrentarse al Galimatazo (Jabberwock en el original) un terrible monstruo. Y cuando vemos por fin a esta criatura después de oír hablar de ella durante toda la película nos encontramos simplemente ante un dragón genérico, un monstruo realizado sin imaginación ninguna. Probablemente es el punto más flojo de todo el diseño de la película.

Cuando Alicia vuelve al mundo real toma las decisiones que ya suponíamos. El problema es que esta Alicia ya rompía las normas antes de entrar en el submundo, con lo que el personaje no evoluciona en absoluto. Si acaso podemos decir que se reafirma en sus opiniones. Sin embargo sí que da un consejo a un familiar que va radicalmente en contra de lo que se supone que representa el País de las Maravillas.

Así la película es prácticamente lo contrario de lo que suponía que iba a ser. Finalmente el diseño de la película, su estilo visual, me convenció; resulta colorido, espectacular, divertido. Y, sin embargo, la historia es simplona, aburrida y, lo que es peor, absolutamente incompatible con el universo en el que está ambientada. Es como si a alguien se le hubiera ocurrido una historia bastante sosa de fantasía y, para poder venderla bien, la hubieran metido con calzador en el mundo de Alicia en el País de las Maravillas. Pero este mundo es demasiado particular y no admite fácilmente este tipo de incursiones.

miércoles, 5 de mayo de 2010

Crítica Iron Man 2


El pasado viernes y con una semana de antelación con respecto a Estados Unidos se estrenó en España Iron Man 2. La película continúa básicamente donde acabó la anterior, con Tony Stark declarando ante el mundo que él es Iron Man. El gobierno americano no tarda en tomar cartas en el asunto y pretende que Stark entregue sus armaduras al ejército. Por otro lado Ivan Vanko, el hijo de un antiguo compañero del padre de Stark clama venganza por las supuestas injusticias sufridas por su padre. Como veis el argumento no va a destacar por su originalidad, el guión es el típico que uno puede esperar de una película de superhéroes. Y, no obstante, la película funciona bastante bien, al igual que su antecesora.

Para empezar la acción es suficientemente trepidante y divertida. Por supuesto siendo una segunda parte las escenas de acción son más grandes que las de la primera. Por suerte están suficientemente bien repartidas como para no cansar o abrumar al espectador. Es más, concretamente la escena de Mónaco (la que habéis visto en los tráilers) está rodada con bastante habilidad y consigue poner un cierto punto de tensión, gracias en gran parte a la presencia de Mickey Rourke. Además este momento nos muestra a un Iron Man tremendamente vulnerable, al fin y al cabo no es un hombre con superpoderes sino simplemente un tipo rico con una armadura. De hecho en general toda la película nos presenta la faceta más débil y humana de Tony Stark, hasta llegar a la sorprendente escena de la fiesta donde se puede apreciar qué pasa cuando un hombre de capa caída tiene a su disposición un arsenal peligroso.

Si algo diferencia esta franquicia de las otras decenas de sagas superheroicas es el personaje protagonista. En la mayoría de las películas del género nos encontramos con héroes con problemas más o menos humanos, al margen de las aventuras con supervillanos, pero que al final siempre se comportan como héroes. Aquí sin embargo, aunque efectivamente Stark es un héroe en los momentos clave, durante gran parte del metraje aparece como un tipo bastante desagradable (o quizá encantadoramente desagradable). Aparte del guion el mérito está en la actuación de Robert Downey Junior. Mucha gente insiste en que no hace más que interpretarse a sí mismo, pero si es así que siga haciéndolo, porque le funciona. Tal como está escrito el actor encaja en el personaje como un guante. A diferencia de otras sagas como Batman o Spiderman donde los más interesantes son los villanos, el mayor valor de Iron Man 2, como en la primera, es el personaje titular.

Todo esto sin despreciar al resto, claro. En esto al menos si hay una ligera mejora con respecto a la primera. Mickey Rourke como ya comenté está sorprendentemente imponente como el villano Whiplash. Las nuevas adiciones de Scarlett Johansson y Don Cheadle cumplen su cometido y hasta Gwyneth Paltrow es menos irritante. Sam Rockwell, que sigue empeñado en convertirse en estrella y sigue sin ser reconocido por el gran público, hace un estupendo papel como el desagradable competidor de Tony Stark, Justin Hammer. Si queréis ver de qué más es capaz este actor no os perdáis la genial Moon.

No obstante no todo van a ser buenas noticias. El clímax vuelve a sufrir el mismo problema que en la primera película y se queda corto. Personalmente hubiera preferido ver menos persecución y más enfrentamiento cara a cara a la vieja usanza con el villano principal. En cambio en la pelea final éste es despachado rápidamente. Además la historia parece estar un tanto deshilachada, iniciando muchas ideas paralelas que nunca llegan a tener una conclusión satisfactoria. Tenemos la trama del gobierno contra Tony Stark, la de Hammer contra Stark, la de Vanko contra Stark, la de la enfermedad contra Stark, la de Rhodey convirtiéndose en War Machine,… Es decir, demasiadas cosas sucediendo a la vez, lo que reduce el tiempo que se puede dedicar a cada una, haciendo que la mayoría de ellas pierdan impacto emocional.

En general se puede decir que la primera película era más redonda que ésta, además de perderse aquí el factor sorpresa que tanto ayudó a aquella, pero sin superar a su antecesora es un entretenimiento bastante sólido, espectacular y con uno de los superhéroes con más miga del panorama actual.

Por cierto, después de los créditos hay una escena (que ya se ha filtrado por internet) que conecta directamente con la siguiente película Marvel. Además tenemos a Nick Fury en un papel más sustancial durante el filme, lo que va añadiendo continuidad a estas películas. Veremos si al final el todo es más que la suma de las partes.

lunes, 19 de abril de 2010

Rencontres Internationales: Cine revisitado y Represión


El miércoles 16 asistí a la sesión de cortos de los Rencontres Internationales titulada Cine Revisitado en el cine Doré. Esta selección consistía en vídeos montados a partir de escenas de otras películas. He de confesar que es la primera vez que he salido de una sala antes de que terminara la proyección. Pocos minutos antes, eso sí, pero no podía aguantar más. Salvo alguna honrosa excepción todos los cortos eran ejemplos de los motivos por los que el arte contemporáneo está tan alejado del público general. La mayoría de ellos eran una mezcla informe de trozos de películas que no forman un todo nuevo sino un mero batiburrillo mezclado con más o menos gracia. Aderezado claro con toques de “a ver quien hace la cosa más rara” que tanto molesta a los neófitos en estas lides y continúan haciendo que el arte moderno se vea por la mayor parte de la gente como objetos de adoración gafapastil sin ningún mérito real. Ejemplo claro es el primer corto, que parte de una buena idea, el montar metraje del considerado basura, del que se desecha antes incluso del montaje, con los técnicos en escena, etcétera, pero cuyo director (presente por cierto en la proyección) decidió interrumpir con una mano moviéndose constantemente por en medio de la imagen arriba y abajo de modo que no puedes ver muy bien lo que sucede. Según él quería mostrar esas imágenes que se consideran basura sin importancia y darles primer plano. Entonces ¿por qué narices busca la forma de que no se puedan ver en absoluto?

Otro ejemplo aun peor que el anterior es el de Karel De Cock que nos ofrece en Unheard Silence el bucle de un plano fijo de una mujer mirando al horizonte desde un porche durante cuatro minutos.

El más salvable sería Shadow of a doubt de Bob Paris, que parte de escenas de la película homónima de Hitchcock repitiendo una y otra vez algunos de sus momentos para crear un todo distinto. Es el único corto en el que se ve la intención de hacer otra cosa, de crear una nueva obra de arte a partir de una anterior. Momentos como la escena de un periódico moviéndose una y otra vez para recrear el sonido de un tren muestran una visión más clara y más hábil que la de los demás. Puede no ser más original pero es que la originalidad no es siempre un valor cuando no va acompañada de nada más.

Entiendo que como parte de una exposición, en un museo, algunas de estas cintas tendrían mucho más sentido, como algo a lo que prestar quizá una atención pasajera como experimentos que son. Pero cuando se muestran en un cine, un lugar preparado específicamente para que el individuo se centre sólo en lo que sucede en pantalla el interés que provocan se reduce a cero. Es preocupante que, como dije antes, el arte de vanguardia se vea por el público general como algo sin valor, una especia de timo cultural. El problema es que cosas como esta proyección no hacen sino fomentar esa visión. Nunca he pensado que una obra de arte por ser experimental tenga que ser aburrida o no pueda ser simplemente bella, que provoque sentimientos o haga pensar al espectador. Una cosa no está reñida con la otra. No seré yo quien condene el arte contemporáneo porque considero que sí se hacen cosas interesantes. Pero el martes pasado no vi casi ninguna de ellas.


No obstante, inasequible al desaliento como soy, el viernes fui al museo Reina Sofía para otra sesión. Ésta se llamaba Represión, título que creo que es bastante explicativo. En ella se proyectaron tres cortos: Weile Wangque de Jinian de Liu Wei, A Letter to Uncle Boonmee de Apichatpong Weerasethakul y Missä on missä? de Eija-Liisa Ahtila. Los repasaré por separado:

- En Weile Wangque de Jinian el director recorre la plaza de Tiananmen mostrando el silencio o incluso el olvido de la población china respecto a los eventos ocurridos allí hace veinte años. Se trata de un corto documental sin mucho valor estético pero con una clara intención de protesta. Es interesante ver como la poca gente que reconoce la famosa imagen del estudiante plantado frente a los tanques no quiere hablar del tema.

- A Letter to Uncle Boonmee que ya mencioné hace unos días es un corto de Apichatpong Weerasethakul, director tailandés de cierto renombre, y que comparte personaje con su próxima película Uncle Boonmee who can recall his past lives. En el corto vemos el interior de muchas casa vacías en un pueblo en plena selva. Sólo unas pocas personas se encuentran fuera trabajando entre las casas. Vemos con parsimonia los objetos personales de la gente y la situación de las casas como si los habitantes se hubieran desvanecido de pronto, todo está igual que si alguien viviera allí aun. Después nos dirán que el ejército echó a la gente del pueblo. Como ya pasaba en su película Blissfully yours Apichatpong añade en posproducción cosas que parecen no concordar con lo que estamos viendo, que parecen “hacer trampa” al contarnos la historia. Aquí se nos lee la susodicha carta al tío Boonmee que poco parece tener que ver con la historia del pueblo. Y no obstante no chirría, nos sentimos extrañamente transportados con la lectura y las imágenes a ese mundo que se nos muestra. Apichatpong Weerasethakul siempre deja que la cámara pasee tranquilamente por los lugares, mantiene el plano unos segundos más de lo que haría la mayoría. Esto puede tener dos efectos: hacer que te sientas realmente allí en ese momento, escuchando los ruidos de la selva a tu alrededor, o que te aburras con la extrema lentitud de la película. Personalmente soy del primer grupo, pero entiendo perfectamente que mucha gente pueda sentirse del segundo.

- Missä on missä? es en realidad más que un corto u mediometraje de cincuenta y cinco minutos de duración. Con su bandera de experimental y surrealista bien alzada nos lleva en viaje alucinatorio a la vida de una escritora y de unos niños argelinos que asesinan a un amigo francés. Durante todo el corto nos encontramos con algunos terribles tópicos simbólicos como la muerte que visita a la escritora. Igualmente la historia sufre del síndrome de la gente que habla tan profundamente que no sabes de qué están hablando. En general casi todo el corto tiene un tono metafórico, incluyo algunos momentos que, me temo, son involuntariamente irrisorios, salvo al final cuando se nos enfrenta al “juicio” a estos niños argelinos y entonces el tono de la historia se va justo al otro extremo y se convierte en un mero panfleto. Desgraciadamente ambos tonos se pasan de rosca cada uno por su lado de modo que ninguno de los dos enganchan al espectador o dan material de reflexión. Si a esto unimos unas interpretaciones más bien pobres y una factura técnica no muy brillante el resultado es claramente negativo.

Aun quedan dos días de Rencontres, aunque probablemente no pueda ir a ninguna otra proyección. Soy consciente de que esta entrada no anima mucho pero de verdad pienso que, aunque hay mucha paja, se pueden encontrar algunas pequeñas joyas.

lunes, 12 de abril de 2010

Shutter Island


El estreno de Shutter Island ha motivado un nuevo (aunque ya viejo) debate en torno a Martin Scorsese, una de las figuras fundamentales del cine mundial y, sobre todo, del Nuevo Hollywood de los años 70. Tanto los detractores como los defensores de la última parte de la carrera del director han encontrado argumentos para sus tesis en su nueva película. Personalmente me encuentro en terreno neutral. Soy de los que consideran que Gangs of New York fue una película injustamente vilipendiada (si bien es cierto que tiene problemas de ritmo en la segunda mitad, más bien achacables a unos tijeretazos poco hábiles), y además me gustó Infiltrados (aunque no me parece la cuasi obra maestra que muchos han querido ver). Y sin embargo encuentro pocas cosas de valor en Shutter Island. Es difícil hacer una crítica de esta película sin soltar spoilers. Haré lo que pueda pero advierto que algo se dejará entrever en mis comentarios, así que si seguís leyendo será por vuestra cuenta y riesgo.

Shutter Island cuenta la historia del Marshall Teddy Daniels (Leonardo DiCaprio) que visita la institución mental de Shutter Island para investigar la desaparición de una reclusa. Pronto averiguaremos, no obstante, que Daniels busca algo más allí, al asesino de su esposa, Andrew Laeddis. Espera ¿o era a gente que hacía experimentos con los enfermos? Ahí tenemos un primer dilema. Daniels nos asegura que no quiere matar al asesino de su mujer sino descubrir el tinglado tras la prisión. Sin embargo sus acciones van encaminadas exclusivamente a buscar al tal Laeddis. Esto podría haber dado lugar a un conflicto psicológico y moral interesante y, sin embargo, tal como se nos presenta es simplemente confuso, vago. Todo tiene su explicación al final, claro. Pero ese es otro problema, para mí el mayor. El giro final de la historia, que debería ser una gran sorpresa no es sólo previsible, es que se puede adivinar con facilidad en los primeros 5 minutos de película. Porque lo hemos visto miles de veces e otras películas y otros libros. Yo no he leído la novela en que se basa la película, pero sí una parecida y adiviné el final simplemente leyendo las sinopsis, antes de ver siquiera la película. Pero Holly no ha leído ninguna novela similar y aun así averiguó el giro final en la primera escena. Estoy seguro de hecho de que vosotros mismos, sagaces lectores, podéis haceros una idea sólo con lo que acabáis de leer. Eso indica que algo anda muy mal en la forma de contarnos la historia, porque en esta película ese giro final lo es todo, si sabes lo que está pasando todo lo que ves pierde el sentido, ya no importa. Así pues a medida que mis sospechas se iban confirmando la película se diluía para mí, no tenía el más mínimo interés.

Pero aun hay más. Sabiendo la sorpresa, gran parte de la historia se convierte en francamente absurda, irreal. La película no tiene un tono realista, ni falta que hace, pero sabiendo la verdad algunas acciones de los personajes son incomprensibles, o cuando menos cuestionables.

Por otro lado no se pueden hacer mucho reproches formales en su mayor parte, pero llegados al final Scorsese nos brinda un par de momentos no demasiado brillantes. La escena en el faro es forzada y tópica, y la explicación final larga y repetitiva, con un flashback absolutamente innecesario después de que nos hayan contado de palabra lo que sucede. ¿Tan difícil habría sido intercalarlo en el montaje?

No puedo más que sentirme decepcionado ante la última película de Scorsese. Habrá que consolarse, por lo menos aun no ha degenerado al nivel de Coppola…

martes, 6 de abril de 2010

La Cinta Blanca


Durante este puente he tenido ocasión de ver la que se ha considerado una de las películas europeas del año, la última de Michael Haneke, La Cinta Blanca. Sí, ya sé que voy con tres meses de retraso, pero como he estado allende los mares un tiempo necesitaré un par de meses para ponerme al día. Algunos de los que me conocéis sabéis ya que no soy precisamente un fan del director alemán. De hecho considero que es uno de los directores más sobrevalorados del panorama internacional, aunque si he de ser sincero está opinión mía se ha formado en base sólo a tres películas. En cualquier caso he de reconocer que La Cinta Blanca es la primera película de Haneke que realmente me ha gustado. Ahora bien, me parece que se queda muy lejos de la obra maestra que muchos críticos nos han querido vender.

La Cinta Blanca cuenta las historias paralelas de los habitantes de un pequeño pueblo alemán durante 1913-14, justo antes de la Primera Guerra Mundial. En dicho pueblo comienzan a ser atacados distintas personas sin que nadie acierte a encontrar al culpable o los culpables. Estos ataques servirán de detonante argumental para presentar al espectador las miserias personales de las diversas familias que conforman la comunidad.

Hay que advertir primero que para aquellos que no sean aficionados al cine europeo ésta no es desde luego la película por la que empezar. El ritmo es extremadamente pausado. Todo el filme está (impecablemente) rodado con largos planos de escaso movimiento. No creo que la película sufra en absoluto por ello, muy al contrario me parece un ritmo apropiado para lo que se cuenta. La cámara siempre permanece un par de segundos más frente a la imagen después de que la acción haya acabado, como si nos invitara a reflexionar un instante o a digerir lo que acabamos de ver u oír. En una de mis escenas favoritas toda la acción importante sucede al fondo tras una puerta de la que sale y entra uno de los niños protagonistas para traer a su severo padre los útiles con los que le aplicará el castigo. Sólo vemos esos movimientos del chico, mientras que la violencia física queda, como en la vida real, escondida tras una puerta cerrada. La factura técnica es, desde luego, intachable, desde el montaje a la preciosa fotografía en blanco y negro.

Pero donde la película se atasca, como en otras del mismo director, es en la conexión del espectador. Esto es en la desconexión que sufrimos. Los personajes están bien interpretados y definidos, pero la persistente manía de Haneke de ocultar forzadamente información al espectador hace que tomemos una distancia que impide que nos preocupen realmente los personajes, que vivamos intensamente situaciones que son, en muchos casos, realmente horrendas. Estoy casi convencido de que esa frialdad es intencionada, se nos muestran las cosas crudas, como son, pero desde fuera, con distancia. Eso hace que la historia tenga mucho menos impacto sobre el espectador. Desgraciadamente parece ésta una tendencia constante de la intelectualidad actual, viendo los (inmerecidos) halagos que reciben escritores como Cormac McCarthy por construir historias con un trasfondo que podría ser intensísimo consiguiendo hacer sentir al lector… absolutamente nada.

Por otro lado este subterfugio, ese intentar que el espectador no se entere de todo lo que pasa es algo que se ha convertido en un estilo propio en Haneke. El director alemán se ha empeñado aquí como en Caché (una película incluso más sobrevalorada que ésta) en presentar un misterio sin ofrecer una resolución absoluta (si bien en La Cinta Blanca se deja bastante clara la responsabilidad de los ataques). Esto no debería ser un problema per se, basta con pensar en obras maestras indiscutibles como Rashomon, que no nos dan una solución definitiva sino que nos dejan elegir por nosotros mismos. La diferencia entre la película de Kurosawa y Caché es que en aquella la historia es suficientemente intensa y los personajes nos mueven lo suficiente emocionalmente como para que la resolución realmente carezca de importancia. Es más, la no-resolución se convierte en la resolución. Pero en su película Haneke se contentaba con dejar hilos colgando sin más y sin ofrecer nada a cambio. Por suerte en La Cinta Blanca los hechos que nos cuentan son suficientemente interesantes y toman suficiente protagonismo como para que el misterio quede relegado a segundo plano sin que nos importe mucho. Es casi más una subtrama que realmente un hilo conductor. El resultado es por tanto bastante más redondo que en Caché.

Por último queda lo que podríamos llamar la intención analítica. Casi todos los críticos han coincidido en que La Cinta Blanca es una búsqueda de los orígenes del nazismo. En la película vemos como los niños no hacen sino poner en práctica lo que los adultos con su férrea disciplina les han inculcado. El distanciamiento entre las dos generaciones, la consideración del padre como figura autoritaria donde el amor apenas se puede concebir más que como motivo último de un dureza extrema en las enseñanzas, y sobre todo la aplicación de castigos que se consideran necesarios aunque haya una clara desproporción con el crimen, son caldo de cultivo ideal para futuros votantes nazis. Sin embargo ¿era esto exclusivo de la sociedad alemana? En mi opinión aunque la historia tenga lugar en Alemania y tengamos suficientes elementos idiosincráticos, la relación entre las dos generaciones no es suficientemente exclusiva de este país. Puedo imaginar que las relaciones padre-hijo (y similarmente las de señor-vasallo que se observa entre el barón y los aldeanos) de según qué clases sociales en aquella época podrían seguir patrones similares en toda Europa. Así pues, más que un comentario concreto sobre el sustrato sobre el que se alzó el nazismo, creo que la película abarca algo más amplio, una mirada bastante acusadora sobre las bases educativas y sociales en las que se sustenta una ideología totalitaria.

En resumen una película bien dirigida, con múltiples e interesantes lecturas pero que adolece de la incapacidad de invocar emociones en el espectador, de involucrarnos para sentir la película y no sólo pensar la película.

martes, 23 de marzo de 2010

100 años de Akira Kurosawa


Hoy se cumplen cien años del nacimiento de uno de los directores más influyentes de la historia del cine, Akira Kurosawa. Como además de este hecho también resulta ser uno de mis directores favoritos (sí, soy así de típico) he decidido dedicarle esta primera entrada tras mi prolongada ausencia.

El domingo, para en cierto modo celebrar esta fecha, pude ver por fin una de mis películas pendientes del cineasta japonés, Ran (). Algunos consideran esta película, si no necesariamente su mejor, sí el punto culminante de su carrera. Personalmente soy más aficionado a sus películas de los años cincuenta, pero Ran es, no obstante, algo cercano a la obra maestra. Kurosawa realiza de nuevo lo que muchos japoneses le habían recriminado en el pasado, la adaptación de una obra occidental, en este caso El rey Lear de Shakespeare (de quien ya adaptara Macbeth en Trono de sangre). Y sin embargo es imposible separar esta obra de su origen oriental. Si bien se ha hablado muchas veces de la relación entre la obra de Kurosawa y el teatro Noh, aquí se percibe en el kabuki, el otro gran teatro japonés, una referencia directa para el personaje de Lord Hidetora, con su exagerado maquillaje y sus gestos afectados. Y es una elección muy acertada teniendo en cuenta como se centra la historia en este personaje y los reveses que va a sufrir. El contraste con el resto de personajes no hace sino remarcar las diferencias dentro de la historia. En ella se nos cuenta como Hidetora decide abdicar dejando el control de sus dominios en manos de su hijo mayor Taro, y los dos castillos secundarios a sus otros dos hijos, Jiro y Saburo. Saburo, en una forma brusca, muy impropia de su alto rango, sobre todo en una sociedad japonesa medieval, le advierte a su padre del peligro en esta decisión. Su padre, enfadado, le repudia. Pero Saburo será el único hijo que se mantenga fiel a su padre y en seguida Taro y Jiro empezarán a conspirar entre sí y uno contra otro para conseguir el poder.

La poderosa trama de Shakespeare se ve reforzada por el siempre imponente estilo visual de Kurosawa. Además y a pesar de haber realizado la mayoría de sus grandes obras en blanco y negro sorprende el magnífico empleo del color que realiza Kurosawa en esta película, dotándola de una increíble y a veces brutal belleza, especialmente en las escenas de la gran batalla, donde el rojo brillante de la sangre parece saltar de la pantalla. En esta escena emplea además un estilo peculiar en el que vemos todo acompañado de una música suave sustituyendo al sonido de la batalla, que desaparece durante unos minutos, provocando un contraste con las imágenes, dándole un toque melancólico, triste (algo así como lo opuesto a lo que hizo Kubrick en La chaqueta metálica). Porque al final no se trata de una película épica, sino de una tragedia personal donde lo que importan son los personajes que lo viven. Las batallas pasan a segundo plano, a pesar del tiempo que se les dedica en pantalla, y lo que queda es una agonía personal de culpa de Hidetora por los errores con sus hijos y por las atrocidades que había cometido años atrás. Al final un mensaje tan desolador como el paisaje que marca el último y magnífico plano del filme.

Hay que decir que esta película fue realizada en los últimos años de la vida de Kurosawa, cuando en Japón no conseguía encontrar inversos para sus obras. A pesar de ello ésta fue su película más cara, y eso se nota en el increíble diseño de producción.

Pero parece que los problemas financieros siguen persiguiendo a Kurosawa. Hace unos días salía a la luz algunos desfalcos realizados en la Fundación Akira Kurosawa en los que al parecer estaba involucrado su hijo Hisao, lo que de momento ha hecho que queden en suspenso algunos actos de celebración del centenario. Un triste corolario para el que es por derecho propio el director japonés más importante del siglo XX.

lunes, 21 de diciembre de 2009

Avatar



El viernes se estrenó por fin la que será con toda probabilidad la gran película del año, al menos en cuanto a taquilla (la estimación de su recaudación en su primer fin de semana es de 230 millones de dólares en todo el mundo), Avatar, el gigantesco proyecto de James Cameron. Hace unos días me preguntaba si habría podido lograr Cameron un nuevo universo de fantasía/ciencia ficción en el que sumergirnos completamente. Y la respuesta no puede ser otra que un rotundo sí. Avatar es un espectáculo con todas las letras. La historia y la acción son épicas hasta cotas absurdas sin caer nunca en el ridículo. Como prometió James Cameron, con la ayuda de Weta (y su inefable Richard Taylor) y otros estudios de efectos especiales como el del difunto Stan Winston, se ha dado el siguiente paso en lo que a efectos digitales se refiere. En esta película los actores digitales tienen más tiempo en pantalla que los reales y, no obstante, uno nunca tiene la sensación de estar viendo una película de animación, todo es completamente real. De hecho en la mayoría de los casos los actores digitales actúan mejor que los reales. Lo cual tiene mucho sentido, sabiendo que al fin y al cabo se han logrado mediante “motion capture” y luego se han mejorado en el ordenador. Robert Zemeckis se empeña en seguir haciendo una película tras otra usando esta técnica, pero donde Zemeckis falla miserablemente Cameron ha triunfado.

James Cameron no es un renovador del cine. No es lo que se considera un autor. Sin duda no estará en las enciclopedias de cine más sesudas al lado de Murnau, Bergman o David Lynch. Pero es algo que para mí no está exento de méritos, un gran contador de historias. Aquí el argumento es bien conocido, es el archiconocido “viaje del héroe” que tan a fuego nos grabó George Lucas a raíz del libro de Joseph Campbell The hero with a thousand faces. El protagonista es Jake Sully, marine parapléjico que toma el relevo de su difunto hermano para transferir su consciencia a un avatar, un híbrido con el aspecto de los habitantes del planeta Pandora, los Na’vi. Dentro de su avatar la misión de Sully es proporcionar información al ejército para eliminar la molestia que suponen dichos indígenas en la explotación del Inobtanio (¿inobtanio? ¿y cómo se llama el malo, doctor Maligno?), recurso minero más valioso del universo, que sólo se obtiene en este planeta (al estilo de la especia melange en Dune, y no será ésta la única influencia de la saga de Frank Herbert). Por supuesto cuando Sully aprenda la cultura de los Na’vi cambiará de bando y se convertirá en su defensor. Por momentos la película se antoja no sólo predecible, sino incluso demasiado predecible. Pero nada de eso importa, porque una vez que hemos entrado en Pandora, por algún motivo difícil de captar, nos sentimos unidos a los personajes, nos importa lo que les suceda y nos creemos ese mundo tan extraño y tan fascinante. Lo curioso es que Cameron no empieza con buen pie. El principio de la historia está contado torpemente, con una voz en off pobremente justificada y a trompicones. Aquí empecé a preocuparme. Sin embargo luego entramos en Pandora y Cameron se tomará su tiempo para contarnos el aprendizaje de Sully. Y para entonces estaremos enganchados y nos tragaremos la historia hasta el final.

Las intenciones ecologistas de la historia son evidentes. Pero también hay un ligero subtexto político inevitable y, en alguna ocasión, a Cameron se le ve el plumero más de lo debido. No me gusta la idea de que todas las críticas de los grandes estrenos americanos de la última década tengan que relacionar de algún modo la película con el 11-S, pero en este caso la analogía me pareció demasiado evidente como para ser involuntaria. En cierta escena la destrucción de un árbol gigantesco, símbolo fundamental de la cultura Na’vi nos remite a las imágenes de la caída del WTC. Lo peculiar es que aquí los destructores son los militares americanos. Igualmente en una escena posterior vemos al principal villano de la película anunciar que efectuarán un “ataque preventivo” y que contrarrestarán el “terror con el terror”. Si bien en la primera escena descrita el cambio de rol parece una metáfora más o menos velada pero interesante, en esta otra la referencia es tan sumamente obvia que nos saca por un momento de la fantasía. No sé porqué me da en la nariz que Cameron no votó a George Bush.

A pesar de los problemas que la historia tiene y que ya he nombrado el principal motivo por el que me gusta la película no es la espectacularidad visual (que también) sino la parte mitológica. Ahí estaba mi esperanza en esta película, la clave que, en mi opinión, la haría funcionar o fracasar. El trasfondo mitológico, centrado sobre todo en la peculiar ecología de Pandora, es brillante y muy original, que es una palabra que no suele usarse mucho para este tipo de historia. Básicamente Cameron ha creado para este universo un Dios y una espiritualidad reales, cuya existencia es demostrable científicamente. Se trata quizá de reconciliar fe y ciencia, pero lo ha hecho creando una fe que es ciencia. Y es que aquí, por una vez en este tipo de fantasía, los científicos (representados por el personaje de Sigourney Weaver) están del lado de los buenos. La ciencia no es un mal aliado con la tecnología para acabar con la naturaleza, sino que es un medio para entender esa naturaleza y crear una convivencia pacífica. En Pandora todos los seres vivos pueden conectarse entre sí mediante redes de información, lo que hace la unión del hombre (o en este caso el Na´vi) y la naturaleza algo literal. Esto hace que un final que podría resultar teológico y en exceso dysneiano se vea plenamente justificado.

Por último recomendaros que lo ideal es disfrutar de la película en 3D. El efecto es de verdad espectacular y mejor que otros intentos de los últimos tiempos. La primera escena de acción se hace muy confusa, pero luego los ojos se acostumbran y la enorme batalla final, que en manos de otros directores de acción (léase Michael Bay) ya en 2D habría resultado indescifrable, aquí es nítida y siempre sabes donde estás.

James Cameron no habrá reinventado el cine, pero sí nos ha dado un nuevo mundo de fantasía clásica donde jugar y disfrutar como enanos durante casi tres horas (al menos hasta que lleguen las secuelas).

martes, 15 de diciembre de 2009

Garbo, el espía


Garbo, el espía o Garbo, el hombre que salvó al mundo es un documental que cuenta la historia de Juan Pujol García, un espía español que fue, sorprendentemente, una de las claves del éxito del desembarco de Normandía.

Garbo es un documental, sí, pero también es una película de intriga, de espionaje. Y esto tiene un significado no sólo de fondo, sino también de forma. La película está construida parcialmente como tal, como obra de ficción aunque no lo sea. Éste es uno de sus grandes logros. Claro que no tenemos imágenes de archivo o vídeos de las actividades de los espías (sería bastante absurdo teniendo su profesión). Pero tenemos otra cosa casi mejor, las películas. Y aquí es donde la película se mete no sólo en una historia fascinante de por sí, sino también en todo un ejercicio de cinefilia. Las escenas que nos describen los entrevistados se ven enriquecidas por escenas de películas en las que suceden cosas similares. Y así la trama se va tejiendo. He de decir que durante los primeros minutos temí que la película fuera simplemente eso, unas entrevistas a 2 o e personas salpicadas de imágenes de archivo. Pero a medida que la historia crece, como en la mejor ficción, vamos conociendo nuevos personajes y se van añadiendo nuevos entrevistados. Este estilo, tan apropiado para lo que se nos cuenta, hace que la obra crezca por encima del simple relato, que de por sí habría sido interesante dada la fascinación que produce esta historia.

Y es que no se puede hablar de la película sin nombrar la historia que cuenta. Así que estáis avisados, aunque esté hablando de un documental, lo que viene a continuación puede considerarse spoiler.

Juan Pujol García empezó como espía doble en la segunda guerra mundial a modo podríamos decir freelance. Contactó con los alemanes y les aseguró que estaba en Londres, cuando en realidad residía en Lisboa, y les hizo creer que podía proporcionarles información sobre los movimientos de los aliados. A continuación consiguió convencer a los ingleses de que en efecto podía filtrar información falsa a los alemanes, después de que el servicio de inteligencia británico le hubiera rechazado cuatro veces. Éstos le mandaron a Londres de verdad y allí se dedicó a filtrar información incierta o tardía sobre los planes aliados, información que supuestamente obtenía de sus más de veinte informadores, todos ellos inventados por Juan Pujol incluso antes de empezar a trabajar para los ingleses. La cumbre del trabajo de Juan Pujol, alias “Garbo”, fue el convencer al alto mando alemán (junto con muchas otras pistas enviadas por los británicos, como el famoso papel del general Patton) de que el desembarco principal de los aliados se haría en Pas de Calais y que el de Normandía era sólo una distracción. Tanto consiguió engañarlos que incluso después de acabada la guerra, los alemanes aun no sabían que Juan trabajaba en realidad para los aliados.

A continuación la película juega con nosotros en un gran giro final al estilo del cine que emula. Un cartel nos dice que Juan murió en Angola en 1948. Pero a continuación empezamos a ver que esto no es del todo cierto. En realidad Juan Pujol fingió su propia muerte, y los investigadores le descubrieron en Venezuela en 1983, vivo y coleando. Finalmente moriría en Caracas en 1988.

Así pues estamos ante una gran historia muy bien contada. Lo de que sea un documental es secundario.

viernes, 4 de diciembre de 2009

Hirokazu Koreeda (是枝裕和)

La última semana durante el festival de cine experimental de Madrid se ha proyectado dentro del ciclo de nuevos realizadores japoneses la película Nadie sabe, de Hirokazu Koreeda. Éste fue el filme que hace 5 años le supuso el gran salto al circuito internacional a Koreeda, pero en su momento dejé pasar la ocasión. Además este año hay otra película suya que ha llamado la atención de la crítica y el público occidental, Still Walking, la cual aun podemos ver en algún cine de Madrid. Aprovechando esta bella confluencia decidí hacer doblete y ver ambas películas la semana pasada haciéndome una primera impresión así de uno de los directores japoneses que más están dando que hablar en la actualidad. Lo más interesante es que esto lo ha conseguido volviendo al estilo más clásico del cine de su país. Os lanzo dos pequeños comentarios sobre estas películas.




Nadie sabe
Basada en un caso real sucedido en Japón en los años 80, cuenta la historia de unos niños que se ven obligados a vivir por su cuenta durante meses cuando su madre les abandona. Lo que podría convertirse en una película de manipulación sentimental se transforma en un drama creíble gracias al estilo de Koreeda. Toda la película está rodada de una manera sumamente natural, usando el vídeo y ofreciéndonos una enorme cantidad de detalles de la vida de estos niños, tanto visuales como argumentales (de ahí la larga duración de la cinta, 2h 20'). Ese señalar con la cámara detalles aparentemente sin importancia del pequeño apartamento en el que viven los críos, lejos de aburrirnos, nos hacen sentirnos más dentro de aquel lugar, compartir el espacio con los protagonistas. Y a pesar de ese realismo, precisamente gracias a los detalles visuales, Koreeda consigue crear imágenes realmente bellas, casi poéticas en algunos momentos. Pero no todo el mérito es del director. Parece mentira que unos niños de tan corta edad puedan actuar de manera tan natural. De hecho el protagonista de la película Yuya Yagira (柳楽優弥) se llevó el premio al mejor actor en el festival de Cannes. Y curiosamente es este mismo realismo el que me hizo plantearme que el contraste entre ese estilo y los sucesos que a veces me parecían poco creíbles quizá fuera excesivo y le hiciera perder puntos a la película. Sin embargo todas mis dudas fueron disipadas cuando leí acerca de la historia real y vi que ésta, no sólo era más truculenta, sino que confirmaba lo que podía parecer excesivo en el filme. Precisamente si algo se le puede achacar es una mirada demasiado amable por eliminar ciertos hechos o por la forma de presentar los que sí aparecen, pero personalmente creo que esta es una de sus virtudes. Habría sido demasiado fácil hacer un gran dramón, sin embargo Koreeda elige el equilibrio y te mete en la piel de los chavales con todas las consecuencias. Esto no quiere decir que la película sea netamente optimista. Os aseguro que os puede hacer llorar, pero en ningún momento pensarás que la película quiere hacerte llorar.



Still walking (caminando)
Still walking cuenta una historia muy sencilla, la de la reunión de una familia en el aniversario de la muerte de uno de los hijos. El hijo y la hija supervivientes van a visitar a sus padres con sus respectivas parejas e hijos. La película trata principalmente sobre las tensiones familiares entre las dos generaciones, principalmente entre el hijo y sus padres. La historia es japonesa y, por tanto, las diferencias culturales entre una generación y la siguiente y los prejuicios que pueden separarles no son exactamente iguales que los nuestros, pero los conflictos les serán familiares a cualquiera, y esa es una de las claves de su funcionamiento. Los padres no aprueban el modo de vida de los hijos y éstos a su vez se sienten excesivamente presionados por aquellos. Todos sabemos como es eso. Aquí debo caer en lo que han hecho todos los críticos sin excepción, y es la comparación con Yasujiro Ozu (小津 安二郎) un clásico del cine japonés. No me gusta seguir la corriente, pero en este caso es inevitable. El tema de las diferencias entre generaciones, del salto de la tradición al modernismo (más en boga en la época de Ozu que en la actualidad, todo hay que decirlo) era algo permanente en sus películas. Los paralelismos con el filme más famoso de Ozu, Cuentos de Tokio es evidente, ya que aquella trataba también de una reunión familiar de unos padres ancianos con sus hijos, con la diferencia de que en aquella eran los padres los que iban a visitar a los hijos. Aparte de la semejanza argumental también estilísticamente Koreeda se aleja del tono cercano y realista de Nadie sabe para rodar con planos fijos y encuadres simétricos, al igual que hacía Ozu. No obstante me parecen mucho más interesantes las diferencias que las similitudes ya que es aquí donde Koreeda se desmarca. Es obvio que el homenaje (o copia, según vuestro grado de mala leche) a Ozu es consciente, pero el tono es radicalmente distinto. Era evidente que Ozu en Cuentos de Tokio sentía una mayor simpatía por los ancianos, es decir, se posicionaba en la tradición (al contrario que en otras películas suyas como Buenos días). Aquí Koreeda hace lo contrario. El personaje con quien simpatizamos es el hijo, queremos que le acepten a él y a su familia. Los padres en cambio, si bien se nos pide en general que les tengamos cariño, se nos presentan como personas un tanto amargadas (en parte por culpa de la muerte de su hijo) y en muchas ocasiones incluso crueles. A medida que vemos sus actitudes con su hijo, su nuera y, en una escena especialmente cruel, con el chico al que su hijo murió salvando, no podemos evitar sentir un rechazo por estas personas, si bien un poco teñido de tristeza. O sea, Koreeda se posiciona en la modernidad. Es esto, en mi opinión, lo que define a Koreeda, su capacidad para tomar estas formas clásicas del cine japonés y adaptarlas al aquí y ahora. Os lo repito. Los que estéis en Madrid aun podéis ir a ver esta pequeña joya en una sala. Pero quizá no por mucho tiempo.

martes, 3 de noviembre de 2009

Lars von Trier (II): Epidemic (1987)

Epidemic fue la segunda película de Lars von Trier dentro de lo que llamaría su trilogía de Europa. Si en el caso de The element of crime hablábamos de pretenciosidad aquí parece haber más un espíritu burlón. En ocasiones he leído opiniones de gente que afirma que el director danés no tiene sentido del humor. Nada más lejos de la realidad, como demostraban sus apariciones en Riget y muchos detalles de sus películas.

Aquí nos encontramos de nuevo con un ejercicio de estilo, si bien mucho menos refinado que el anterior. La historia parece a simple vista más interesante, pero acaba siendo incluso más plana que en The element of crime. El propio von Trier y el coguionista Niels Vørsel son los protagonistas, interpretando a sí mismos en el proceso de crear una historia sobre una epidemia en un mundo alternativo. Paralelamente vemos escenas situadas en esa historia que ambos están creando. Así, en la propia estructura, nos encontramos con uno de los problemas de la película, ya que hay un claro desequilibrio entre las dos partes. Las escenas situadas en la parte ficticia son imaginativas, interesantes, con una puesta en escena que amplia sobre lo visto en la anterior película. Las escenas del “mundo real” son, por el contrario bastante aburridas. No quiere esto decir que me parezca mal que estén rodadas de manera más sobria, ya que esto es una forma más de marcar el contraste, y no necesariamente negativo. El problema es que la historia, si podemos llamarla así, apenas avanza, no sucede prácticamente nada. Para más inri estas escenas tienen mucho más metraje que las otras, dejando una película desequilibrada hacia el peor lado.

Y, no obstante, no podemos tomárnoslo muy en serio. Toda la película parece existir sobre un halo de guiño cómplice. Hay una escena muy significativa en cuanto a las intenciones de los guionistas (y quizá respecto a sus personalidades) y que ejemplifica además esa sensación de “esto no va a ninguna parte” que nos acompaña en el visionado. En ella Niels Vørsel le cuenta a Lars von Trier como hizo creer a unas chicas americanas que era un adolescente y se convirtió en su amigo por correspondencia. A continuación se dedica a leer algunas de las cartas y a reírse junto a su amigo de los sentimientos expresados en ellas. Las reacciones ante las cartas (reales o no) son de un desprecio absoluto, lo que en ese momento te hace rechazar a estos dos “intelectuales” que se creen tan listos. Pero claro, es difícil saber cuánto de verdad hay en esto, cuánto de guión y cuánto de mera broma hacia el espectador, con ese humor a medias, oscuro, tan propio de los países nórdicos. Y el final, divertido, estridente y crispante (insoportables los gritos de la señora, a la que todo el mundo quisiera abofetear) resulta como un último guiño en el que toda la comedia cae y parecemos intuir que nos estaban tomando el pelo. Esta sensación permanece aun más cuando suena la muy ochentera canción de los títulos de crédito, llamada Epidemic y coescrita por Lars von Trier. Y una vez más resulta imposible saber si es meramente un producto de los tiempos o un nuevo chiste malo.

Podemos resumir la experiencia en un sabor de boca más desagradable que el anterior, una película con menos alardes visuales, un tanto cutre incluso, si se me permite la expresión, pero en el que descubrimos al Lars von Trier juguetón que conocemos.